miércoles, 2 de octubre de 2013

Canal del Agua

Canal del Agua
Año 2013. Participantes: Fran, José y yo.

Este fin de semana teníamos una apuesta ambiciosa. Nuestros planes iniciales eran: el sábado subir al refugio de Cabrones por la Canal del Agua desde Caín, y el domingo subir y hacer la arista integral Cabrones-Torrecerredo y bajar por la canal de Dobresengros de nuevo a Caín y volver a Madrid. El sábado cumplimos holgadamente con las previsiones, pero al día siguiente el asunto se nos complicaría bastante y el destino nos deparaba un agotador domingo (El GPS acabó marcando para la jornada del domingo 1120 m de acumulado positivo, nada menos que 2650 m de acumulado negativo y más de 34 km de caminata de montaña por Picos de Europa).



Empezamos (podéis pinchar en las fotos para verlas más grandes):

Canal del Agua
 (3 de agosto de 2013)

Datos: 
Actividad: Montañismo;      Zona: Picos de Europa
Cimas: No
Dificultad: Algunas trepadas algo delicadas, que se pueden complicar mucho si corre agua. Fuerte desnivel acumulado
Longitud total: 12,5 km aprox;     Desnivel acumulado positivo2000 m aprox;     Desnivel acumulado negativo: 400 m aprox

Tiempo:
7 horas desde Caín hasta el refugio, incluyendo paradas y los retrasos por las dificultades.

Track: 
Cogido de internet (pincha aquí para acceder al track en wikiloc). Tuvimos algunos problemas de cobertura GPS al principio.

Croquis:



Fecha: 3 de agosto de 2013


El día anterior, tarde del viernes, habíamos hecho tranquilamente el viaje en coche hasta Posada de Valdeón, donde teníamos previsto dormir en los soportales de la iglesa, como otras veces, y así hicimos, aunque la zona de la iglesia había recibido una pequeña reforma que nos descolocó un poco.

Dormimos bien y no tuvimos excesiva prisa en levantarnos, ya que considerábamos que hoy teníamos tiempo de sobra para nuestra actividad de subir por la Canal del Agua al refugio de Cabrones, aunque fuéramos con mochilones. La canal del Agua no es, para nada, una ruta adecuada de aproximación en sí para acceder al refugio de Cabrones, habiendo muchas otras posibilidades menos exigentes tanto físicamente como técnicamente, y es más bien una actividad en sí misma. Pero queríamos matar dos pájaros de un tiro y hacer esta actividad y que a la vez nos sirviera como aproximación para la actividad de la arista integral Cabrones-Torrecerredo del día siguiente. El único inconveniente es que nos tocaba hacer la Canal del Agua con más carga de la hubiéramos llevado si hiciéramos solo la canal, pues además de más víveres y cosas, llevábamos cuerdas, arneses, friends, fisureros, mosquetones..., en fin, material para la arista.

Nos levantamos, y tras desayunar recogemos el campamento. Nos trasladamos en coche a Caín donde aparcamos en el último hueco que quedaba en la zona de aparcamientos y empezamos a prepararnos. Pronto me daría cuenta de un gran fallo: ¡Se me ha olvidado en casa la cámara de fotos! ¿Cómo puede haberme pasado esto a mí, que siempre me hincho a hacer fotos? Tocará gorronear cámara de mis compañeros de vez en cuando.

Hacia las 9 de la mañana estamos listos para empezar a caminar. No tenemos excesiva prisa ya que el día de hoy no va a ser largo, pero si algo duro: subir unos 2000 metros de acumulado positivo de la exigente Canal del Agua... cargaditos de peso.
En Caín, a punto de partir

La Canal del Agua comienza en un punto de la ruta del Cares, así que nos adentramos en ella y la recorremos hasta las proximidades del punto en cuestión, pero ninguno de los dos GPS que llevamos no cogen cobertura en un sitio tan encajonado, así que tenemos que buscar sin su ayuda el punto exacto de la trepada que inicia la subida. Sabemos que está entre el puente de Bolín y el puente de los Rebecos. 

En la ruta del Cares, buscando el punto de inicio de la Canal del Agua
Como el inicio es trepada, podía ser por cualquier sitio, aunque por lógica descartamos las zonas desplomadas, pero había varas posibilidades. Tras observar los alrededores empiezo a trepar por el sitio que más pensábamos que pudíera ser, y ¡bingo!, enseguida compruebo que hemos acertado ya que la trepada enseguida va convirtiéndose en sendero.

Toda la canal, incluido el principio, tiene una pendiente considerable, así que, aunque a costa de nuestro sudor, cogemos altura muy rápido. Lo comprobamos enseguida al ver que la ruta del Cares ya queda muy abajo. Al coger cierta altura, los GPS ya cogen cobertura y podemos comprobar que vamos por el sitio correcto.
Esnseguida dejamos muy abajo la ruta del Cares

Desde el principio noto que no me encuentro muy bien. Me noto como con flojera, pero en principio no le doy mayor importancia. «Me estaré haciendo viejo», pienso. Simplemente me cuesta más subir que otras veces; es como si hoy me hubiera puesto unas pilas gastadas.

El recorrido es bastante bonito, a lo mejor algo aéreo pero sin crear mucha sensación de vértigo. La senda está bastante marcada y no plantea ningún problema el seguir el camino correcto. Pronto pasamos por un característico y bonito paso conocido como La Tranvía.

José acabando de pasar el paso de La Tranvía.
Vamos chorreando sudor, ya que las pendientes son muy fuertes a lo que hay que añadir el calor y la gran humedad que hay.

Después de una fuerte subida, llegamos a una pared que aparentemente cierra el paso, pero cuando te acercas siguiendo el sendero, descubres una bonita vira que sube por ella en diagonal y permite rebasarla. 

José y yo rebasando la pared por la vira
Fran, subiendo por la vira. Por detrás se observa cómo sube endiabladamente el sendero
Otro fallo que he cometido este fin de semana es el olvidarme del tubito del cámelback, por lo que solo puedo beber si paro y me quito la mochila para sacar la cantimplora.

El camino continúa tras la vira con la pendiente algo más suave. El paisaje cambia considerablemente ya que ahora predominan una especie de prados aquí colgados.

El camino continua por unos prados. Al olvidárseme el tubito del cámelback, tengo que parar cada vez que quiero beber

Seguimos subiendo por estos prados hasta llegar a un collado, el collado del Cuebre, prácticamente a cota 1000m. Ese collado va a dar a la Canal de la Ría, que es como si dijéramos la parte baja de la Canal del Agua. Hasta aquí el camino no transcurre realmente por ninguna canal, sino que simplemente va subiendo por las empinadísimas laderas del Cares. A partir de aquí, la ruta desciende al fondo de la Canal de la Ría y ya sí que subiremos por esta canal y continuaremoso por la propia Canal del Agua cuando lleguemos a su inicio.

Rebasamos el collado del Cuebre, que nos da acceso a la Canal de la Ría
Pues eso, llegado al collado del Cuebre toca decender más de 200 metros de altitud. Sienta a cuerno quemado después de rondar la cota 1000m tener que descender tanto hasta el fondo situado por debajo de la cota 800. La bajada encima es muy empinada y constantemente se están rifando resbalones que den con tus huesos en el suelo. No nos llegamos a caer ninguno, pero varias veces faltó muy poco. A veces hasta nos tenemos que coger de los troncos de los árboles para bajar sin resbalar. 


Inicio del descenso al fondo del canal de la Ria




Los paredones que delimitan al norte la canal de la Ría


Llegando ya al fondo de la Canal de la Ría, tenemos buenos paredones enfrente. Una vez en el fondo de la canal, miramos con resignación todo lo que ha bajado el altímetro.

Empezamos a remontar la Canal de la Ría. Vamos un poco subidos a la margen izquierda (según subimos) porque había leído que si no estabas atento te podías pasar la salida hacia el inicio de la Canal del Agua, pero luego comprobaría que, salvo que vayas muy por el fondo de la canal, realmente no existe ese problema y que se aprecia perfectamente cuando llegas.

Remontando la Canal de la Ría

El remontar la Canal de la Ría se hace tremendamente pesado, pues hay pedreras mezclada con hierba y la pendiente es muy fuerte, aunque en la foto no se aprecie. El tramo pone a prueba tu paciencia. De vez en cuando miro el altímetro para comprobar lo que hemos subido y así animarme un poco.

Como he comentado antes, vamos un poco subidos por el lado izquierdo de la canal. El sendero a veces aparece, a veces desaparece, hace cosas raras... con lo que nos entran dudas de si lo mismo llegamos a un punto sin continuidad donde tengamos que retroceder y si no sería mejor ir por el fondo de la canal. Los tracks que yo había visto iban por esta margen de la canal, pero ya no sé si a lo mejor un poco más hacia el fondo. Sin embargo, vamos más o menos encontrando continuidad a la ruta.

Vista hacia arriba en la Canal de la Ría
Llegamos a una especie de hombro dentro de la canal. Es un lujo tener algún metro de terreno en horizontal, algo que no ocurre desde hace ya mucho, así que aprovechamos para renovarnos física y mentalmente con una parada de picoteo y refresco.

Un metro de terreno en horizontal aquí es un lujo, así que lo aprovechamos con una parada técnica
Cuando consideramos que estamos listos para continuar, nos ponemos en pie y seguimos subiendo. Pronto vemos como llega por la izquierda como una canal afluente que desemboca en la Canal de la Ría. No hay duda, es la Canal del Agua; baja más o menos paralela y muy próxima a la Canal de la Ría y al final gira unos 90 grados para conectar más o menos en perpendicual con este última.

La de la izquierda es la Canal del Agua que viene a desembocar en la Canal de la Ría (que continúa por la derecha).
Al llegar a la Canal del Agua, vemos que vamos un poco altos. Se iría un poco mejor unos metros más abajo, pero podemos transitar sin perder altura hacia el fondo de la canal. Justo en este punto ya me encuentro fatal. En condiciones normales me plantearía el darme la vuelta, estoy muy raro, incluso me dan mareillos si me agacho y me pongo de pie, no sé qué me pasa; pero no quiero aguar la fiesta a mis compañeros a la ligera, así que como veo que de momento puedo aguantar sigo a ver como va la cosa. Más adelante refrescaría y se metería un poco de llovizna, lo que afortunadamente me aliviaría bastante.

Metidos ya en la Canal del Agua propiamente dicha, nada más empezar ya tenemos que emplear las manos para ir trepando. Los primeros tramos son fáciles y la única duda es qué alternativa ir cogiendo de las posibles que se van viendo. El primer resalte se pasa más o menos bien con cuidado por el lado izquierdo y luego cruzando por un a especie de mini senderillo colgado. Lo único malo es que como según subes no ves la parte de arriba no tienes del todo controlado donde te estás metiendo, pero luego no hay ningún problema.

Pasado ese resalte, que es el que hace el ángulo de 90 grados al final de la canal,  la canal se estrecha mucho y enseguida llegamos al primer resalte serio. En nuestro caso estaba cayendo agua, por lo que a lo romo de los pocos agarres y lo lavada de la roca, había que añadirle lo tremendamente resbaladizo del agua fluyendo sobre la roca lavada. Esto ya empieza a parecerse a hacer un barranco pero al revés... en sentido ascendente.

Fran se lanza a trepar el primer resalte y empieza a pasar serias dificultades, así que rápidamente me pongo debajo de él de portero por si se cae. Finalmente con muchos apuros pero consigue rebasar este primer resalte. Decidimos sacar la cuerda, ya que la llevamos. Me ato y Fran me asegura desde arriba ante una posible caida.  Supero los primeros metros abriéndome bien de piernas para hacer oposición, no sin dificultades, y supero la parte final tirando de brazos como puedo de los agarres romos y empleando rodillas, codos y todo lo que podía. Finalmente José pasa muchísimas dificultades pero acaba rebasando el resalte con ayuda de la cuerda. Yo tengo la camiseta totalmente empapada de haber arrimado el cuerpo al flujo del agua, pero eso es lo de menos. Supongo que este resalte en seco será considerablemente más asequible.

Iniciando el primer resalte serio
En la parte final del resalte
Continuamos y a los pocos metros hay un nuevo resalte, muchísimo más alto que el anterior y sin pinta de que sea más fácil. Afortunadamente se puede evitar el atacarlo directamente trepando por la pared de la derecha y luego yendo en travesía haca la coronación del resalte, así que eso es lo que hago y mis compañeros me siguen.

Siguen más resaltes, pero éstos, con algo menos de dificultad, aunque no los regalen se pueden trepar mejor. Destaco uno bastante divertido con un característico color naranja, en forma de un largo diedro algo tumbado que se sube bien prácticamente en adherencia. El sol hace rato que no nos da, y la temperatura va bajando un poco, lo que me sirve para encontrarme algo mejor.

Llegamos a un nevero, cuyo deshielo ha dejado en una curiosa forma de ola. En unos momentos de recreo nos hacemos unas fotos con él. Fran bromea haciendo de surfista.




Nevero en forma de ola
Vista hacia atrás
Fran imitando a un surfista

Continuamos y seguimos trepando, y trepando. Trepa que te trepa. Sin mayores dificultades.


Hasta que se acaban las trepadas y empiezan una interminable pedrera de piedras de tamaño medio. Se nos meten las nubes, o mejor dicho nosotros nos metemos en ellas. Son nubes cargadas de agua, así que vamos un poco mojados pero si llegar a estar empapados. A estas alturas nos viene muy bien mojarnos un poquito y refrigerarnos.

Terreno de pedreras en toda la parte final de la canal. Metidos en la neblina

Hay que subir todavía bastante desnivel por las pedreras y además perdemos visibilidad por la niebla, así que no podemos ver como se ve el panorama hacia arriba. Las pedreras se hacen largas, pero como en algún momento se tienen que acabar, de pronto nos vemos en la Collada del Agua.

Le comento a Fran que en dos patadas más te plantas en las cimas de los Cuetos de Trave, los picos que hay al norte de la Collada del Agua, tan solo hay poco más de 100m  de desnivel, pero que yo no tengo ganas de subir y menos para no ver nada con la niebla. A Fran le entran tentaciones de subir, pero lógicamente piensa que para no ver nada no vale la pena y abandona la idea.

Solo nos queda bajar de la Collada del Agua al refugio de Cabrones. La roca está empapada, así que vamos bajando con cuidado, y en poco tiempo estamos en el refugio. Son las 16h en punto, así que despues de todas las historias al final no se ha dado tan mal.

Refugio Jou de los Cabrones
En el refugio tenemos unas cuantas horas para descansar y relajarnos. Básicamente picoteamos, leemos revistas y charlamos dentro del refugio, ya que fuera cae llovizna y no se ve nada por la niebla; además hace fresquete incluso dentro del refugio. No obstante, cada dos por tres damos algún garbeo por fuera para ver el panorama, estirar piernas o para coger agua de la fuente.

Dentro de este recogido refugio
De cara a mañana, tengo previsto que después de hacer la arista, desde Torrecerredo bajemos a la Canal de Dobresengros y por ella llegar al coche en Caín. La ruta normal sería desde la cima de Torrecerredo ir a la Horcada de Don Carlos, de ahí a la Horcada de Caín, bajar al Hoyo Grande Cimero y descender por la Canal de Dobresengros. Pero desde la Collada de la Bermeja, junto a Torrecerredo, se puede bajar directamente a la Canal de Dobresengros por el denominado Paso de la Bermeja, ahorrando bastante tiempo. Dicho paso, al parecer, no es nada fácil localizar, y si al final no das con él te toca recular y volver a subir pues no hay otra alternativa por esta zona de grandes precipicios.

Por ello, aunque voy muy documentado y con varias fotos, pregunto al guarda del refugio acerca de ese paso... y ahí es donde la cagamos. Nos cuenta que efectivamente el tema es que no es nada evidente localizar el paso, nos pone algún reparo a que vayamos por ahí, pero que a las malas siempre se puede volver a subir a la Collada Bermeja y hacer la ruta normal por la Horcada de Don Carlos, que por cierto a pesar de las fechas está cargada de neveros. Y hablando, nos mete en la cabeza que lo mejor es bajar al collado de Amuesa y por el collado de Cerredo bajar por la Canal de Piedra Bellida hasta el río Cares que se cruza por un puente que hay allí y luego por la ruta del Cares llegar a Caín. Nos asegura que él siempre sube por ahí al refugio y que subiendo tranquilo tarda tres horas en plantarse en el refugio.

Yo no acabo de creerme el tiempo que dice que tarda, máxime cuando ya solo desde el punto donde llegas a la ruta del Cares hasta Caín tienes una hora o más de ruta del Cares, y el desnivel a salvar es muy grande como para hacerlo en tan poco tiempo. Seguro que sube sin reloj y pierde la noción del tiempo, porque salvo que seas un deportista de alto rendimiento que suba prácticamente corriendo me resulta imposible creerlo y yo le echaría como poco una, o más bien dos horas más. 

Total, que aunque no nos creamos el tiempo que dice, sí que nos mete en la cabeza y nos acaba convenciendo de que lo mejor es hacer la bajada Refugio-Collado de Anuesa-Collado de Cerredo-Canal de Piedra Bellida-Ruta del Cares-Caín, incluso no solo para bajar desde el refugio sino desde la cima de Torrecerredo una vez finalizada la arista. A esto le vemos también la ventaja de que al bajar desde Torrecerredo al pasar por el refugio podemos reponer agua; nos ha contagiado tanto la idea que hasta empezamos a sacarle, un tanto ficticiamente, ventajas de una ruta e inconvenientes de la otra.

En uno de nuestros garbeos por fuera del refugio aclara un pelín la niebla y hacen presencia unos rayos de sol que iluminan el pico Cabrones, dándonos la oportunidad de contemplarle, o casi intuirle, en un ambiente un tanto espectral.

Entre la neblina y como un fantasma, se deja ver por unos momentos el pico Cabrones y a la izquierda sus agujas
La roca está muy empapada. Nos preocupa cómo aparecerá mañana por la mañana. Para poder hacer la arista necesitamos unas condiciones más estrictas incluso que para una escalada: que la roca esté seca, y que no sople viento (o que éste sea suave), porque el viento en una arista puede ser un problema importante. Las previsiones climáticas no son malas, así que confiamos en que mañana esté todo bien y seco. En cualquier caso acordamos levantarnos muy temprano, con idea de salir del refugio a las 6:00, y sobre la marcha ver si las condiciones nos permiten hacer la arista. Nuestra idea es estar hacia las 7:00 listos para iniciar la arista, pues en la misma jornada tenemos arista, descenso al coche y retorno a Madrid.

Cenamos y pronto estábamos durmiendo en las estrechas literas de este refugio en las que te tocas con ambos hombros con tus vecinos de litera. 

Intento arista integral Cabrones-Torrecerredo y retorno a casa (4 de agosto de 2013)

Son poco más de las cinco. Todo el mundo duerme en el refugio menos nosotros que ya nos hemos puesto en marcha. El resto de huéspedes del refugio, con capacidad tan solo para 20 personas, son varios grupos que en general únicamente vienen a patear un poco la zona para conocerla y lógicamente no tienen prisa por levantarse, pues sus planes de domingo no van más allá de subir al Neverón de Urriello o la Torre de la Párdida. Muchos han subido al refugio solo a conocerlo, pues el entorno en el que está ubicado la verdad es que merece la pena.

Nos asomamos y el tema pinta bien. Es muy de noche, pero se ve que está todo despejado. El suelo y la roca están secos y sopla un cierto aire pero me parece el típico de estas horas de la madrugada que luego irá amainando cuando llegue el amanecer, así que pienso que la situación aparentemente es muy buena.

Cuando estamos preparados salimos con nuestros frontales. Enseguida me doy cuenta que sigo encontrándome mal físicamente; tocará sufrir, pero viendo que ayer al final pude hoy voy algo menos preocupado por ello, aunque la situación de hoy vaya a ser más comprometida.

Subir los poco más de 300 metros de desnivel hasta el pie de la arista ya me cuestan, pero tal y como teníamos previsto, llegamos a pie de arista cuando empieza a amanecer. El viento cesa. El paisaje y su colorido con los primeros rayos de luz nos dejan absortos, disfrutando una gran sensación de paz.
 
Ensimismados, disfrutando de un amanecer aquí. No tiene precio


Estamos tan ensimismados disfrutando tanto del bonito amanecer, que nos cuesta bastante ponernos en marcha. Hemos picoteado algo y nos hemos puesto arnés y casco. Nadie se decide, así que inicio yo las trepadas para encaramarse a la arista en este ambiente dorado por los primeros rayos del sol. Las condiciones climáticas son ideales, aunque sospecho que más tarde incluso podemos pasar calor, pero de momento vamos ligeramente abrigados.

Trepadas iniciales para encaramarnos en la arista
Enseguida vemos los imponentes patiazos del lado Dobresengros. Detrás tenemos el pico Dobresengros en una bonita imagen con los primeros rayos de sol del día.

Pico Dobresengros

Vamos ascendiendo por la arista. Está todo muy roto y nos crea mucha sensación de inseguridad, pues tienes que andar probando que no esté suelta cada roca de la que te coges o en la que apoyas los pies. Las vistas que vamos teniendo son alucinantes. A nuestra izquierda destaca sobremanera la bella estampa de Peña Santa, en la que la sombra marca su pared sur, uno de los planes de escalada pendientes. Por la vertiente del Jou de los Cabrones enseguida se ha formado un patiazo de impresión.

Vista atrás cogiendo altura. A la derecha del todo, el pico Dobresengros. Al fondo, mares de nubes en los valles bajos
Vista de Peña Santa desde la arista. La sombra marca su pared sur
Voy un poco adelantado, y de pronto llego a un paso con un aspecto feísimo. Hay que trepar por el filo en adherencia y con unos patios de impresión a cada lado. Tras escapárseme un «joooodeeeer» al visionarlo, me quedo pensativo. Mi estado físico como he comentado no es bueno, lo cual repercute en mi estado anímico para afrontar las cosas, influyéndome en sentido negativo y viéndolo todo más negro. Lo primero que pienso es que al rebasar ese paso las posibilidades de retorno se complican. Por otra parte también se me pasa por la cabeza que como toda la arista sea así pueden ser demasiadas horas de tensión. Me quedo un poco bloqueado, esperando a mis compañeros para ver cómo afrontamos el paso.
Llega José al paso, y nada más verlo dice rotundamente que él no se la juega y que se da la vuelta. En mi estado anímico se puede entender que eso era la llama que necesitaba para encender la mecha e inmediatamente, sin perder ni un segundo, me sumo a su propuesta. Por último llega Fran, que se queda un tanto extrañado, pues varias veces me ha elogiado el ser muy decidido en situaciones de este tipo, pero debido a la rotundidad de la negativa apenas insiste en convencernos.


Las condiciones eran magníficas pero ni mi estado era bueno, ni se puede llevar a alguien como si dijéramos "forzado" por un sitio así. Así que aunque en los días posteriores me arrepentí y me dolió tanto que volví con más ansias de las que tenía antes y lo antes que pude para hacer la arista integral con Fran, creo que en ese momento la decisión fue la acertada. Como digo, en cuanto tuve ocasión volví con Fran y esta vez sí hicimos la arista integral  y la disfrutamos (puedes verlo pinchando este enlace), quitándonos la espinita que teníamos ambos.

Volviendo al tema que nos ocupa, destrepamos con cuidado el tramo que habíamos hecho de arista y nos bajamos de ella. Nos quedamos todos un poco chafados, picoteando algo y relajados con la paz que reinaba en el entorno, y al cabo de un rato empezamos a decidir a ver qué hacíamos, barajando tres posibilidades: hacer el pico Cabrones por la ruta normal, hacer otra actividad fácil por la zona, o simplemente bajar al coche, al que presumiblemente llegaríamos hacia la hora de comer y comer en alguno de los restaurantes de Caín, algo que normalmente nos agrada bastante.
 

Descartamos el pico Cabrones por la ruta normal, ya que no tenemos ganas de más líos y además desde aquí pilla un pelín a desmano (hay que bajar otra vez al Jou de los Cabrones, subir al Jou Negro y desde ahí hacer toda la subida a la brecha de la arista sur por la que se accede y de ahí seguir subiendo hasta la cima). También descartamos hacer otra actividad fácil, ya que casi se trata de hacer por hacer y tampoco hay muchas ganas de ello. Por el contrario lo del restaurante de Caín nos atrae a todos y, también, el poder llegar a casa a una hora decente cuando teníamos previsto que llegaríamos ya de madrugada si hubiéramos hecho todos los planes.

Bajamos al Jou de los Cabrones. Si antes desde Torrecerredo nos planteábamos bajar al coche por collado de Amuesa-collado Cerredo-canal de Piedra Bellida, desde aquí más motivo tenemos para seguir esa ruta.

Descendiendo al Jou de los Cabrones
Mirada nostálgica atrás. De derecha a izquierda sube la arista noroeste de Cabrones, primera parte de la arista integral

No podemos evitar darnos la vuelta de vez en cuando
Los cuetos del Trave, el refugio a sus pies y a la izquierda del todo la collada del Agua
Reponemos agua en la fuente del refugio y pasamos a saludar al guarda, diciéndole que nos hemos bajado de la arista y tiramos para el coche. La bajada del refugio a Amuesa es un recorrido que ya conozco, pero me agrada transitarlo porque me gusta bastante. Fran y José no lo conocían, así que también les sirve para conocer algo nuevo. El entorno es muy llamativo y vistoso en todo momento y el camino, aderezado con algún destrepe, es algo agreste pero en general está bien marcado.

Bonitas vistas en la bajada desde el refugio
Y bonitos parajes
Llegamos a lo alto de la colina que domina el collado de Amuesa. La roca da paso a la hierba y la tierra. Bajamos hacia el collado de Amuesa, pero vamos atentos pues antes de bajar del todo al Collado de Amuesa tiene que salir un sendero a la izquierda que lleva hacia el collado Cerredo. Hemos intentado identificarlo desde arriba de la colina pero no hemos tenido éxito. Cuando ya vamos viendo relativamente cerca las casas de la Majada de Amuesa, casi abajo, me topo con el desvío del buscado sendero. Seguimos el sendero que nos leva a un colladín junto al Cabezo de Salinas.

Bajando al collado de Amuesa, ya en zona herbosa
Llegamos a dicho colladín y cometemos el primer fallo, pues sin darnos cuenta nos salimos del camino, algo difuminado, para coger el camino que va por el colladín del Cabezo de Salinas, bastante próximo. El mapa que llevamos nos engaña, pues según el mapa el collado Cerredo está casi 100 m de altitud por debajo de la del colladín en el que nos encontramos; sin embargo la realidad era que el collado Cerredo estaba a mayor altitud que el colladín, cosa que no averigué hasta el día siguiente investigándolo por internet.

En el colladín había un rebaño de cabras y cada vez que sacabas el mapa venían todas las cabras a la carrera supongo que pensando que les ibas a dar algo de comer. Mientras mirabas el mapa tenías que soportar algún lametazo en el brazo de las cabras al menor descuido (supongo que por la sal que teníamos del sudor) y si no andabas atento se llevaban el mapa de un mordisco. Os podéis imaginar que se produjo alguna que otra situación cómica, y el pitorreo de a ver quién abría el mapa.

Cachondeíto con las cabras
Con las pistas que nos daba el mapa y viendo que había sendero que bajaba del colladín, no dudamos en que había que bajar por ahí. El sendero, al principio muy agradable entre sombras de árboles, aunque con pasajes muy empinados y escurridizos, pronto vemos que se difumina por momentos, nos obliga a saltar sobre troncos y a pasar por sitios inhóspitos, y va haciendo cosas raras. Además el altímetro indica que ya deberíamos haber llegado al collado y que ahora nos encontramos mucho más abajo, en pleno monte Llue.

Nos mosqueamos y empezamos a subir a una especie de hombro grandísimo en el que se supone que debe estar el dichoso collado Cerredo. Nos vamos asomando por ahí y lo único que vemos son precipicios que quitan el hipo y totalmente impracticables. Os podéis imaginar la odisea "registrando" el lugar, campo a través con los obstáculos de roca y de vegetación. Una parada en un collado al borde del abismo nos permite picotear algo y reflexionar. Está claro que el collado Cerredo tiene que estar más alto, porque hemos registrado toda esa zona, así que tenemos claro que hay que volver a subir hacia el collado de Amuesa. Por otra parte vemos que aún así no nos va a ser fácil localizarlo, pues todavía queda mucha zona por "registrar", y encima ya nos entraba cierto miedo de que si lo localizábamos y seguíamos el camino, pudiéramos volver a perdernos y liarla más. Ese cierto miedo era algo ilógico viendo el mapa, pero después de lo que nos había pasado y de que estábamos muy cansados y las mentes ya no piensan igual...; además, para colmo, si hubiéramos mirado bien en el mapa del GPS, se veía bien el camino y se podía localizar sin problemas el collado Cerredo, pero como digo, cuando uno está tan cansado parece que no le riega bien el cerebro.

Bueno, pues visto el panorama, pensé qué otras alternativas teníamos.

  • Bajar por la canal de Sabugo: la tenemos muy cerca. No la conocía in situ, pero desde la ruta del Cares se ve muy empinada y delicada y además no estaba muy claro por dónde se puede crucar el río Cares, ni tampoco si iba a ser factible subir desde el río a la ruta del Cares.
  • Bajar por la canal de Estórez: La tenemos nada más llegar al collado de Amuesa, tras rebasar el Cabezo de Salinas. La conozco de haber subido por ahí hace un par de años. Es una canal inhóspita, con hierba y pedreras de gran pendiente, y luego el cruzar el río recuerdo que fue una historia. Subir de ahí a la ruta del Cares es un notable desnivel aunque no era excesivamente complicado salvando alguna trepadilla fácil.
  • Bajar por la canal de Amuesa: Comparado con las otras alternativas era como "ir por la autopista". La "única pega" es que teníamos que dar un rodeo de tres pares de narices para aterrizar en Puente Poncebos y luego chuparnos toda la ruta del Cares enterita... en nuestro estado de fatiga.

Como estabamos un poco hartos de la situación y de complicarnos optamos por la canal de Amuesa. Subimos hacia el collado de Amuesa y poco antes de llegar al colladín del Cabezo de Salines Fran comenta que sin nos parece bien podía subir hacia la derecha a asomarse, como último cartucho para localizar el collado Cerredo. José iba por delante a piñón fijo como un autómata; yo la verdad es que no hice mucho caso a Fran, ya que aunque no me parecía mala idea, tenía ganas de mandar a tomar por saco el dichoso collado Cerredo; y Fran supongo que tampoco tenía demasiada fe en encotrarlo, así que nadie dijo nada y seguimos subiendo. Fue una pena, porque ¡efectivamente el collado estaba donde iba a mirar Fran!, pero hay días en los que todo sale al revés.

Llegados al colladín, recorrimos toda la zona del collado de Amuesa y empezamos a bajar por la empinada canal de Amuesa. Íbamos todos como zombies. Además apretaba el calor y apenas nos quedaban unas gotas de agua en las cantimploras, gotas que nos íbamos racionando.

Con un monton ya de horas recorriendo los Picos de Europa, nos llega un preciado premio: la fuente que hay antes de llegar a Bulnes. Hacemos parada, bebemos a placer y metemos los pies (y alguno algo más) en la fuente. Comemos algo y no nos damos prisa por continuar, ya que vamos machacados y hay que recuperarse un poco pues todavía nos queda un huevo para el coche.

Continuamos. Llegamos al barrio del pueblo de Bulnes que está en alto y Fran y yo le hacemos una breve visitilla. Bajamos, nos juntamos con José y subimos un poco para que Fran y José visiten la parte del pueblo más turística; yo les espero en una sombra a la entrada del pueblo, ya que todo esto ya lo conozco.

Fran y José vuelven y seguimos bajando a Puente Poncebos. Aunque no sentimos los pies y el camino es bien bonito bajamos a toda pastilla, o mejor dicho Fran nos lleva a un ritmo infernal porque está deseando llegar al coche y que se acabe este suplicio.

Llegamos a Puente Poncebos y comenzamos la ruta del Cares... ¡Dios! ¡no me acordaba que había tantas cuestas! A cada momento parece que estás llegando al punto más alto, pero al "torcer la esquina" descubres que no. Despues de unos kilómetros de ruta del Cares por fin llegamos al punto más alto y empezamos a descender. Fran va muy por delante a un ritmo frenético, casi corriendo, que soy incapaz de seguir en mi estado, y voy "haciendo el chicle" con José que también lleva un paso bastante rápido y forzado. La ruta del Cares se va volviendo más llana y enfrente vamos observando la canal de Sabugo, y más adelante por dónde nos hemos perdido hace ya unas horas... Por fin llegamos a zona en sombra; el sol también está castigando lo suyo. Al cabo de un buen rato vemos con cierta rabia por donde hubiéramos salido si hubiéramos bajado por el collado Cerredo, pareciendo una bajada bastante buena y habiendo un puente para cruzar el río y un posterior sendero que sube en zigzag a la ruta del Cares. ¡Qué rabia!

Seguimos, todavía nos queda una hora de ruta de Cares a un ritmo infernal. Tengo que pegar pequeñas carreritas para ir recuperando el terreno que me va ganando José yendo al paso. Ya no sé si existo o no existo. No siento los pies... o mejor dicho, los siento demasiado; deben estar para tirarlos a la basura.

Vamos llegando al puente de Bolín, al inicio de la canal del Agua, al puente de los Rebecos... es un gusto ir reconociendo estos lugares como algo ya relativamente cercano a Caín. Cuando paso por la "desembocadura" de la canal de Dobresengros no puedo evitar pensar en la que nos ha liado el guarda; aunque, bueno, en el fondo él solo nos ha podido influir algo, pero la decisión ha sido nuestra y luego la hemos ido cagando nosotros solos.

Por fin, y aunque nos resulta increible, llegamos a Caín y rápidamente nos quitamos las botas sustituyéndolas por las zapatillas que hemos dejado en el coche. Esperamos ansiosos nuestro turno en el chorro en la fuente, aunque solo estamos nosotros tres en ella. La comida prevista en algún restaurante de Caín se ha convertido en cena, pero ¡ya qué más da! Lo importante es que, aunque tenemos las plantas de los pies al rojo vivo, ¡por fin hemos parado de andar!
 
Durante la cena nos tienen que reponer varias veces la jarra del agua. La cena nos entra como nada, aunque yo ceno algo ligero porque me toca conducir hasta Madrid. El viaje en coche es una constante preocupación por no quedarme dormido. José está en el asiento de atrás durmiendo a pierna suelta y Fran lucha por mantenerse despierto pero constantemente se le cierran los ojos, así que no tengo un relevo fiable para el volante. Tengo claro que si veo que hace falta paro en cualquier sitio a echar una cabezadita, pero una buena lata de cocacola a mitad de camino me permite despejarme lo suficiente para poder terminar el viaje y llegar en torno a las 3 de la madrugada a casa.

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