lunes, 30 de diciembre de 2013

Maraton popular de Madrid 2013 (42,2 km)

Maratón Popular de Madrid 2013 (42,2 km)

Nada más terminar el Maratón Popular de Madrid 2012 (Maratón Popular de Madrid 2012 (42,2 km)) le dije a mi compañero Álvaro que no me volvía a engañar para otra... pero lo cierto es que al día siguiente ya estábamos hablando de de 2013.

El maratón 2012 me había supuesto una paliza inhumana, pero las enormemente agradables sensaciones y emociones vividas, difíciles de explicar si no lo vives, superaban con creces los inconvenientes. Lo único que me echaba un poco para atrás era los pesados entrenamientos. Por contra podría enmendar varios de los errores de novato que detecté tras mi primera participación.

El primer error que enmendé fue el de las zapatillas (el año anterior había corrido con unas zapatillas Kalenji del Decacthlon para trail de montaña) ya que me compré unas zapatillas adecuadas. Aproveché la oferta de Adidas con la que comprando unas zapatillas de sus gamas altas te regalaban la cara inscripción al Maratón, y así me inscribí en la edición de 2013.

La Maratón de Madrid, el famoso MAPOMA, es la más multitudinaria de las maratones españolas. Famosa también por su dureza, algunas estrellas lo evitan porque saben que aquí no conseguirán batir récords. Es imposible hacer en Madrid un recorrido llano, por lo que enfrentarse a sus calles es todo un reto para el que lo intenta, y un logro para quien consigue terminar. Pero, sin duda, su gran virtud es haberse convertido en una enorme celebración del compañerismo entre deportistas de todas las edades.

Pongo un vídeo muy interesante donde se ve en cámara rápida todo el recorrido. Recomiendo ponerlo en alta definición y verlo, ya que es muy ilustrativo: (pincha aquí para ver el vídeo)


Empezamos (podéis pinchar en las fotos para verlas más grandes):
 
Datos:
Distancia: 42,195 km
Desnivel acumulado positivo: 441 m
Desnivel acumulado negativo: 427 m

Mapa:

Track: 



Fecha: 28 de abril de 2013


El entrenamiento:

Esta vez también seguí el desastroso entrenamiento del año anterior de Álvaro, que no comento de nuevo ya que está comentado en mi entrada de la Maratón Popular de Madrid 2012. Aquí solo voy a señalar las diferencias:

Esta vez empecé igualmente el entrenamiento dos meses antes pero empecé directamente con tandas de 16 km. Seguí con dos tandas por semana.

A mitad de entrenamiento me hice tres "mediamaratones", es decir tandas de 21,1 km en cuestión de dos semanas. En general eran tandas que tenía previstas de 16 km, pero como me encontraba bien seguía. Las hacía sin agua ni alimento (...seguía haciendo el burro), y mi tiempo alcanzó 1h55min, bastante decente para mi y para un entrenamiento, y más sin avituallamiento, lo que me dió mucha moral.

Lo peor ocurrió después. Me puse enfermo y tardé más de una semana en recuperarme decentemente. Eso me hundió mucho porque vi peligrar mi participación en el maratón y en cualquier caso iba a mermar mis entrenamientos cuando ya quedaba muy poco para la cita.

Tras recuperarme de la enfermedad apenas pude hacer la tanda de 26 km y alguna tanda más de 10km pues quería hacer lo mínimo imprescindible pues andaba tocado físicamente. Encima veía que me iba a tocar participar con problemas gastrointestinales y eso iba a acarrear problemas de deshidratación. La tanda de 26 km la hice sin beber ni comer nada, como de costumbre, y cuando terminé me encontré fatal y con los músculos completamente bloqueados con unos impresionantes calambres tales que incluso mi mujer me sugirió llevarme al hospital, a la par que me llamaba inconsciente.

Con todo esto, decidí que era la última vez que me apuntaba al maratón, pues si los entrenamientos son muy pesados y con ellos además dejas de hacer muchas cosas, si luego viene una enfermedad y te echa todo al traste... es algo que me resulta inaceptable. No obstante, cada vez que me viene a la cabeza el maratón y sus recuerdos me entran muchas ganas de volverlo a correr, pero cuando vuelvo a usar la cabeza lo descarto.

El día de la carrera

Llegó el día de la carrera. Todavía andaba un poco resentido de mis problemas gastrointestinales que no habían desaparecido del todo, por lo que no sabía que tal me iba a ir en ese sentido.

Esta vez Rober no se apuntó pues prefería otros retos, y Julián andaba lesionado, por lo que nos quedábamos solos Álvaro y yo. No obstante Julián se ofreció a darnos avituallamiento en algún punto de la carrera y acordamos vernos tanto a la entrada como a la salida de la Casa de Campo. También quedamos con un compañero de trabajo en torno al km 15 para que nos diera también algo de avituallamiento, y además Álvaro había quedado con su suegra en Plaza de Castilla y allí nos daría también algo de avituallamiento sólido.

Llego en coche a Ventas donde he quedado con Álvaro, que viene por el metro, para meterme yo en el metro y coincidir en el mismo convoy. Yo he madrugado bastante más, pues me gusta ir holgado de hora y a Álvaro le gusta apurar más la hora, así que me toca esperar un poco, pero pronto llega y nos juntamos en el metro.

Llegamos a Cibeles, pues este año los guardarropas están ubicados en Cibeles. Allí he quedado con otro compañero del Club de montaña, Iván Gómez, que también va a correrlo. No obstante hay tal desorganización este año en Cibeles que me resulta imposible encontrarme con Iván. Allí vemos a Julián.

Hay unas colas terribles para el guardarropa, hasta el punto de que dan la salida en Colón mientras nosotros todavía no hemos conseguido dejar la ropa en los guardarropas de Cibeles. Cuando conseguimos dejar la ropa vamos andando hacia Colón, nos despedimos de Julián y pasamos por salida cuando el crono ya llevaba unos 8 minutos. Este año hace bastante frío, pero sabemos que en cuanto empecemos a correr entraremos en calor.

Nos despedimos de Julián antes de empezar la carrera

Este año ha sido todo más extraño, pues ha habido muchas risas y nada de nervios, quizás por ya contar con la experiencia del año pasado y saber de qué va todo, o también porque realmente no nos ha dado tiempo a ponernos nerviosos esperando.

Empieza la carrera

Vamos Álvaro y yo remontando la Castellana. El cuerpo me pide ir algo más rápido pero el ritmo de Álvaro me frena, lo cual me parece bien pues debo mentalizarme en dosificar energías.

Remontando la Castellana a trote tranquilo

Llegamos a Plaza de Castilla y allí como le había prometido a Álvaro está su suegra con un surtidillo de chocolate y algunas chucherías. La saludados, se lo agradecemos, nos desea suerte y nos despedimos dándole un par de besos cada uno. En el avituallamiento líquido he cogido agua... después de la experiencia del año pasado este año paso de coger Powerade.

En la continuación parecemos dos críos que acaban de salir de la tienda de golosinas, repartiéndonos lo que nos acababan de dar.

Seguimos y mi cuerpo sigue pidiendo más ritmo, pero Álvaro, aunque es muy de reservar energías,  me da la impresión de que no está tan fuerte como otras veces. Consigo tirar un poco de él, pero veo que no está muy por la labor. No quiero arriesgarme a tirar más y acabo acomodándome con él, pero con tendencia a ir tirando de él para intentar que incremente el ritmo.

Se me ve muy suelto, en contraste con Álvaro, al que ya se le ve raro.


Esta vez en la cuesta de Raimundo Fernández Villaverde subo muy suelto y me noto mucho más fresco que el año anterior

Pasamos por el km 15 y nuestro compañero de trabajo que iba a avituallarnos no está. Al parecer había bajado antes y al no vernos pasar pensando que íbamos más adelante se ha vuelto a casa.

Llegamos a Alberto Aguilera y me despisto de Álvaro que se ha quedado detrás. Me quedo un poco, casi parado, intentando localizarle, pues me da cargo de conciencia despistarme de él ya que el año anterior se portó muy bien conmigo acompañándome. Pero como en un rato no le veo, al final tiro para adelante, pues ya me entraban dudas de si había pasado hacia adelante y yo no le había visto.

Me he quedado solo, pero a partir de ese momento me siento más suelto y corro con algo más de ritmo. Me siento bien y las piernas van solas, y parece que los problemillas gastrointestinales no me están afectando nada. Lo que estoy haciendo este año es coger agua en cada avituallamiento y sigo con la botella cogida si no la he terminado hasta el siguiente avituallamiento donde tiro la vieja y cojo una nueva. De esta forma siempre llevo agua encima. Además este año en lugar de barritas llevo 3 geles energéticos con los que es fundamental acompañarlos de agua tras tomárselos. Este año también he pasado de caramelillos, pues un exceso de glucosa puede producir un efecto totalmente contrario al deseado.

El paso por la calle Preciados y por la Puerta del Sol (km 18) es, como siempre, una pasada y me pone la piel de gallina y los pelos de punta. Además me siento muy fuerte y voy corriendo muy suelto.

Pasando como una bala por la Puerta del Sol
No es fácil que en un maratón te fotografíen con los dos pies tan en el aire

En la cuesta de Ferraz noto las primeras muestras de cansancio, pero son insignificantes con respecto al año anterior. De hecho subo rápido y cuando me quiero dar cuenta ya he superado la cuesta.

Bajando por el Parque del Oeste empiezo a notar el fuerte aire que se ha ido levantando, pero como es muy cuesta abajo no noto demasiado sus efectos. No obstante cuando giro a la Avda de Valladolid el aire es considerable. Tanto así que voy corriendo aprovechando rebufos; los ideales son los de los que van dos juntos uno al lado del otro. Lo que pasa es que al final me voy comiendo al que me va proporcionando el rebufo y tengo que adelantarles con un movimiento esquivatorio, e ir en busca de otro rebufo.

Llego a la entrada de la Casa de Campo y allí está Julian... lo que pasa es que no está preparado para darme nada mientras corro y al final tengo que retroceder hacia él para cogerle un plátano. El plátano sienta de miedo. Luego sabría que en este punto le sacaba a mi compañero Álvaro más de 20 minutos de ventaja, pues se había encontrado mal y había tenido que ralentizar mucho el ritmo.

El recorrido por la Casa de Campo resulta cansado, pero dentro de eso me noto que voy mejor y más suelto que el año pasado.

Salgo de la Casa de Campo por la durísima cuesta de Puerta del Ángel y allí está de nuevo Julián. Me ofrece más cosas pero yo ya no quiero nada más. Se sorprende de lo suelto y bien que me ve con más de 30 km a la espalda y me lo comenta. La verdad es que el año pasado el bajón, o agotamiento de las reservas de glucógeno, me entró en el km 27 y este año voy por el km 32 sigo teniendo más o menos bien la "pilas".

Bajo al Manzanares, paseo de la Ermita del Santo, cruzo el Manzanares y cojo la Avda Virgen del Puerto. Empiezo a notar ya síntomas de que me está entrando el bajón, pero me siento contento de haber llegado bien y disfrutando hasta el km 35.

Cuando giro a la calle Segovia, me encuentro el cuestón y el fuerte viento de cara ya me veo que va a tocar sufrir mucho estos últimos 7 km. Me pongo ritmo tranquilo de subir al tran-tran, pero el viento en contra está haciendo muchísimo daño y mi ritmo cae bastante.

La gente va subiendo como a trompicones, parando a andar un rato y corriendo otro rato. Yo sigo con mi idea de no parar de correr en toda la Maratón, así que con esa gente nos vamos adelantando mutuamente a cada rato, pues en el fondo el ritmo promedio nos sale parecido. Pongo el perfil que ya puse y expliqué en la entrada sobre el Maratón Popular de Madrid 2012, para que se aprecie lo duros que son los últimos 7 km.


Iba con un ritmo muy bueno para hacer una marca bastante decente para mí; pero ahora soy consciente que se está echando todo a perder y buena parte de la culpa la tiene el viento en contra que no solo nos frena sino que nos roba a raudales la poca energía que nos queda a estas alturas.

En Ronda de Valencia, luchando contra las cuestas y contra el viento como se puede apreciar en mi pelo y en mi dorsal

Con paciencia consigo llegar a Atocha, y cuando estoy terminando de pasar la plaza de Atocha noto que una mano me coge por detrás. Es Álvaro que me dice que me "enganche" a él y lleguemos juntos a meta. Le contesto que me encuentro muy cansado y ni de coña puedo seguir su ritmo. Álvaro se ha recuperado milagrosamente y ha estado subiendo todas estas cuestas a un ritmo por debajo de los 6 min/km, y eso que son fuertes cuestas con el viento en contra y con más de 35 km a las espaldas... Me ha recuperado los más de 20 minutos que le sacaba y aún me sacaría dos o tres minutos más hasta línea de meta. Me resultó increíble cuando comprobé todo.

Sufriendo en Atocha. Casi todo el maratón lo corrí con una botella en la mano, como se puede apreciar en las fotos

Como digo, le digo a Álvaro que no puedo seguirlo y me coge delantera, pero yo hay un mínimo intento por seguirlo. Hacemos la durísima cuesta del inicio de Alfonso XII y tras ella le sigo teniendo algo a tiro, a unos 30 metros, pero ya no puedo ni con mi alma y me tengo que dar por vencido y dejarle marchar.

Mis últimos tres kilómetros bordeando el retiro, como siempre son duros, pero intento no pensarlo. Noto síntomas de deshidratación, a pesar de que he ido bebiendo mucha agua durante la carrera.

Recién entrado en el Retiro, intentando que las piernas funcionen unos metros más.

Finalmente entro en el Retiro y hago el glorioso tramo final en el que se te embalan las piernas con todo el mundo animándote... y entro en meta.






Finaliza la carrera

Álvaro acaba de llegar también hace escasos minutos así que me estaba esperando en meta. El tiempo al final ha sido un poco desastre con respecto a lo que me esperaba: apenas he mejorado algo menos de 10 minutos mi tiempo del año anterior, y eso que se suponía que este año corregía muchas de las cagadas que cometí el año anterior. Pero hay que entender que no hay dos carreras iguales y las condiciones hacen cambiar muchísimo el resultado de una carrera tan larga. De hecho de toda la gente que supe empeoró su tiempo con respecto a otros años, y es que el viento en contra en las duras y largas cuestas finales fue un elemento que jugó muchísimo en contra.

Hubo mucha gente que se quejó también del frío, pero yo ahí no tengo queja, pues me recaliento mucho corriendo y entonces el frío juega a mi favor.

Cogimos nuestras medallas y las cosillas que te dan al finalizar la carrera. Este año, a diferencia del anterior, la medalla no me gustó nada, pues me parecía más una especie de pin gigante de propaganda que en lugar de pincharse se cuelga del cuello.
 
La medalla de este año parece un producto de propaganda
Álvaro y yo tras la carrera

Llamamos a Julián, que también había venido a meta, y mientras le esperamos nos viene un hombre que acababa también de terminar y le notamos que ha acabado muy tocado, pues no sabe muy bien ni lo que dice y le ofrecemos el móvil para que llame a su hija y el hombre no se acuerda ni de su número de teléfono. Le insistimos en que se abrigara, pues estaba como muy desconectado mentalmente y hacía mucho frío.

Nos vemos con Julián, estamos un rato comentando la carrera y finalmente nos vamos. En el metro Álvaro sufre calambres en las piernas y prácticamente no puede bajar las escaleras del metro, pero afortunadamente es algo pasajero y poco a poco se va restableciendo..

Me bajo en la parada de Ventas, despidiéndome de Álvaro y cojo el coche para irme a mi casa a pegarme una buena comida.    


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